El movimiento maker en China tiene sus raíces en las aulas

Crédito: Bailey Hu/TechNode

Miles de visitantes coparon los puestos de exhibición y talleres en la reciente Maker Faire en Shenzhen, que se realizó a inicios de octubre. Entre los asistentes, que los organizadores estiman que fueron alrededor de 50,000 personas, participó un gran número de estudiantes de primaria.

Y si bien el gobierno, los profesores y sobre todo los padres ya tienen un futuro trazado, los niños no solo serán admiradores de las nuevas tecnologías, sino que serán parte del nuevo movimiento de makers en China que crece cada día. Eso es parte de la revolución educativa que aún está teniendo problemas en ser adoptada.

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No obstante, el movimiento ha crecido bastante desde 2010, cuando el primer makerspace en el país se estableció en Shanghai. El interés por la filosofía DIY (hazlo tú mismo, por sus siglas en inglés) llegó a su pico en enero de 2015, cuando el Premier Li Keqiang hizo una visita al makerspace Chaihuo en Shenzhen y declaró que los makers “eran un motor incansable para el crecimiento económico de China”.

Unos meses más tarde, el término en mandarín para maker—chuangke (创客)—pasó de tener cientos de búsquedas a más de tres mil por semana en el buscador Baidu. Shenzhen organizó su primera Maker Week organizada por el gobierno ese año y un reporte compilado por la fundación inglesa Nesta contó más de 100 makerspaces en el país.

Para el momento en que la Maker Faire Shenzhen 2018 comenzó, organizada junto con la Semana Nacional del Emprendimiento y de la Innovación, el mapa de la ciudad creado por los organizadores tenía 236 makerspaces solo en Shenzhen.

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Un escenario muy disperso

El entrenamiento de los makers más jóvenes del país aún debe hacerse más masivo, a pesar del continuo apoyo del gobierno y del interés de los inversionistas.

En los últimos cinco meses, diez compañías chinas de “educación maker” han recibido más de 600 millones de RMB (casi 90 millones de dólares) en inversión, según ITJuzi.com, una base de datos de startups e inversiones. Sin embargo, más de la mitad de ellas fuero solo Serie A o inversiones ángeles. En un reporte de agosto sobre el fabricante de kits de robots MakeBlock, valuado en solo 2.5 mil millones de RMB, la plataforma de noticias tecnológicas 36kr comentó que el mercado de la educación STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte, matemáticas, por sus siglas en inglés) es muy disperso y que no existía un líder claro en la industria.

Es más, el término “educación maker” por sí mismo tampoco es claro. En una búsqueda en Baidu, los principales resultados muestran programas en donde niños de 3 a 18 años pueden aprender a programar, construir robots, o ambos. Incluso las empresas de educación en línea han entrado a la acción, con startups como VIPCODE—que no se debe confundir con la empresa edtech VIPKID—que aparecen para ofrecer clases de “educación maker para jóvenes“.

Pero según los profesionales en el campo, el concepto es más amplio que eso.

Leslie Liao es el jefe de los servicios de educación maker para Chaihuo, el espacio que fue resaltado por Li Keqiang en su visita de 2015 a Shenzhen. Durante el Maker Faire de este año, le dijo a TechNode que la educación maker es “la técnica y los métodos combinados con el aprendizaje para resolver problemas”. En otras palabras, “los niños obtendrán mejores habilidades para afrontar” el constante cambio en el mundo.

La estadounidense Carrie Leung creó un espacio similar en el Shenzhen American Internatonal School-Shekou (SAIS) mucho antes del reciente boom, y también cofundó una organización maker educativa llamada SteamHead. Según Leung, una educación maker crea “un estado mental para estar abierto a ideas… [y] entender los riesgos del fracaso”. También es sobre pertenecer a una comunidad y compartir soluciones, aunque ella admite que el término es aún “nebuloso” en su uso común.

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Repensando la educación

Podría ser vago, pero startups como MG space de Shenzhen podrían haber florecido gracias a la demanda por una educación maker. La compañía comenzó vendiendo kits para niños para aprender a ensamblar sus propios juguetes y gadgets. Es el tipo de producto que, debido a ser demasiado preciso en sus instrucciones, ha recibido muchas críticas por dejar a un lado la creatividad. Pero MG ha tenido un largo camino: tras comenzar ofreciendo clases, algunos estudiantes usaban las partes que encontraban para crear sus propios “kits”. Una caja para un robot “cross country” contenía un grupo de piezas de madera y goma, mientras que otro tenía el hardware básico para un crear un insecto de juguete que utilizaba una batería.

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Pero no todo es robots y electrónica. Hace poco, cuatro estudiantes entre 9 y 11 años se juntaron en la “sala de diseño de producto” de MG Space para aprender cómo hacer un “pez mecánico”. La escena se parece más a una clase de carpintería que un motor para el crecimiento económico: tras apuntar las medidas en una pizarra, un instructor descalzo camina para solucionar los problemas de cada alumno. Al final de una larga mesa de trabajo lleno de piezas, dos niñas perforan unos tubos de madera con un taladro.

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Tu Jing, madre de un estudiante de MG, nos dice que a su hija de segundo grado le gustan las clases y que son buenas para “generar interés” por cosas prácticas. Ella cree que una educación maker podría ser una “ventaja” para el futuro.

Otra madre, Rita Li, está mucho más emocionada por el tema. Es más, transfirió a su hijo de otro colegio a SAIS precisamente por su programa de makerspace.

Desde que tenía ocho años, su hijo Alex siempre ha sido un alumno que “aprendía haciendo” y muy activo, le dijo a TechNode, y quería mantenerlo interesado en la educación mientras que desarrollaba sus habilidades de juicio crítico.

Li pasó por una educación tradicional cuando era niña, lo que llevó a una preparación muy intensa para los exámenes de ingreso a la universidad. Su hijo ahora está tomando clases de programación y hace poco creó con su mamá un árbol de navidad con luces que se prendían y giraban.

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“Si hubiera tenido opción, hubiera hecho esto a su edad”, dijo Li. “[Con una educación maker] él puede crear nuevas cosas que están fuera de lo que uno está acostumbrado”.

Li resalta el cambio en la actitud de la gente.

“Antes de tener un apoyo oficial [en 2015]… era muy difícil” para algunos padres aceptar una forma de educación sin tareas ni exámenes, dice Leung. Para gente externa, la experimentación que forma parte en la educación maker parece a veces “muy loca y caótica”.

Mientras que la aceptación aún debe llegar a las clases en todo el país, ella ha visto un progreso significativo en los colegios de Shenzhen.

Por ejemplo, el makerspace que ayudó a crear, SteamHead, actualmente está trabajando con la escuela elemental Dongwan de Shenzhen para ofrecer un maker club a sus estudiantes, muchos de los cuales son hijos de inmigrantes.

Dongwan no tiene los recursos de los colegios públicos y sus profesores ganan mucho menos que sus colegas. Sin embargo, está adelantándose con un programa por un colega de Leung, el cofundador de SteamHead James Simpson y Linda Ming Jie, una madre de familia.

Cada semana, Simpson nos dice, se reúne con un profesor de Dongwan para hablar sobre técnicas que su equipo puede implementar en el aula. La instructora Jane Lian nos habla con entusiasmo sobre la iniciativa, que ya tiene a 40 niños inscritos: “en términos de aceptación y en la práctica, los niños han estado excelente”.

“Es un muy buen recurso, incluso si no hay resultados rápidos”, añade Liang.

A diferencia de otras escuelas, en donde los padres podrían liderar el cambio hacia nuevas formas de enseñanza, los estudiantes de Dongwan han tomado la iniciativa para ser parte del programa.

A cambio, dice Liang, ellos se han beneficiado mucho. “Les abre un nuevo mundo”.